Gran trabajo de Guadalupe Lopez Monteaguno (extraido de la universidad complutense de Madrid)
GUADALUPE LÓPEZ MONTEAGUDO
SUMMARY
With this paper we aim to explain the meaning of the «cabezas cortadas» found in the Iberian Peninsula. For this purpose, we analyze the archaeologi- cal, literary and religious sources.
In the first place, the «cabezas cortadas» are seen in relation to the sculptures of gallaecian-lusitanian «guerreros» and to the gallo «tStes- coupées». It follows a review of the literary sources on religious habits of the indigenous people of celtic or gallo origin. Finally, we clarify the relationship between the «tétes-coupés» and the celtic and gallo-roman shrines, as well as other religious issues. We conclude that the «cabezas cortadas» probably belong to a religious ritual of celtic origin, in relation to agricultural or chtonic deities. In this context Mars must have had a significant role.
RESUMEN
Se pretende con este trabajo llegar a unos resultados en cuanto al significado de las «cabezas cortadas» en la Península Ibérica, para lo cual se analizan los testimonios arqueológicos, literarios y religiosos. En primer lugar, se ponen en relación con las esculturas de «guerreros» galaico- lusitanos y con las «tétes-coupées» galas. A continuación se tienen en cuenta las fuentes literarias sobre las costumbres religiosas de los pueblos indigenas prerromanos de ascendencia celta o gala. Por último, se pone de manifiesto la conexión de las «t~tes-coupées» con los santuarios celtas y galo-romanos, así como con otros elementos religiosos y se concluye que las «cabezas cortadas» forman parte seguramente de un ritual religioso de origen celta, relacionado con divinidades agrarias o chtónicas, entre las que Marte tiene un papel relevante.
La existencia de esculturas que representan una cabeza humana o «cabeza cortada», denominación con la que se alude a este tipo de figuraciones, es conocida desde hace años en la Peninsula Ibéricat. Aunque a primera vista pudiera parecer que los hallazgos de «cabezas cortadas» son escasos en suelo hispano, lo cierto es que si se observan con detenimiento las manifestaciones B. Taracena, ‘Cabezas-trofeo en la España céltica», AEspA. 16, 1943, 157 Ss.; F. López Cuev¡llas, «Esculturas zoomorfas y antropomorfas de la cultura de los castros», CEO. 19, 1951,
177 Ss.; J. M. Blázquez, «Sacrificios humanos y representaciones de cabezas en la Península Ibérica», Latornus XVII, 1958, 27 Ss.; Idem, «Cabezas célticas inéditas del castro de Yecla, Salamanca», VII CAN (Barcelona 1960), Zaragoza ~l962, 217 Ss.; U. Abad Casal - O. Mora Rodríguez, «Una nueva ‘cabeza cortada’ en Extremadura», Estudios dedicados a Carlos Ca/tejo Serrano, Cáceres 1979, 21 ss., en donde se recoge la bibliografla anterior y gran parte de las teorias emitidas acerca del significado de las «cabezas cortadas».
Gerión, 5. 1987. Editorial de la Universidad Complutense de Madrid.
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artísticas que se producen del siglo iv al cambio de Era, se ve que las «tétes coupées» aparecen no sólo en el área indocuropeizada de Hispania y realizadas en piedra, sino que son bastante frecuentes formando parte en la decoración de joyas y objetos de adorno, así como también del armamento y de la cerámica en una gran parte de la Península Ibérica.
Bien es verdad que la escultura en piedra abarca un área muy determina- da que se limita a la zona noroccidental de la Península. En ella se constatan tanto cabezas exentas como en relieve. Evidentemente en esta zona las
«cabezas cortadas» o «tétes coupées» guardan una estrecha relación con las esculturas que representan guerreros y que son conocidas, por el lugar de su hallazgo en el Sur de Galicia y Norte de Portugal, con el nombre de
«guerreros galáicos-lusitanos». Se trata de esculturas de gran tamaño que van vestidas con túnica corta y llevan casco, escudo redondo o caetra y puñal a la cintura. Es característica común a todas ellas el estar cortadas por las pantorrillas, al igual que la escultura de guerrero hallada en el túmulo de Hirschlanden (Stuttgart)2. A semejanza de ésta, de la llamada «Cabeza de Galo», que se conserva en el Museo de Pithiviers, y de otras esculturas galo- celtas, algunos guerreros galáico-lusitanos adornan sus brazos y cuello con torques y viríae. Es posible que se trate de representaciones de soldados muertos heroizados, confirmándose en todo caso su carácter funerario en las inscripciones latinas que llevan grabadas los ejemplares de Rubiás, en Orense, y de Santa Comba, San Juliáo y San Paio de Meixedo, en el Minho portugués3. Blanco Freijeiro piensa que algunas cabezas exentas podrían pertenecer a estatuas de guerreros cuyo cuerpo se ha perdido4.
Recientemente un interesante hallazgo en la zona catalana, consistente en cuatro piezas labradas en piedra arenisca con representaciones de «cabezas cortadas», además de ampliar el área de dispersión de este tipo de manifesta- ciones artísticas y culturales, lleva al establecimiento de contactos directos con la estatuaria del valle del Ródano. Sin embargo, el hallazgo de estas piezas como piedras reutilizadas en una villa romana no aclara nada respecto a su función y finalidad, aunque al parecer debían formar parte de una estructura arquitectónica, como ocurre con sus paralelos galos, y en este caso hay que suponer que se tratara de un santuario. Esta hipótesis se refuerza por el hecho de que en una de las piezas incluso es posible apreciar una figura sentada seguramente con las piernas cruzadas5.
2 F. López Cuevillas, op. cii.. 184 Ss.; J. Taboada, Escultura celto-romana, Cuadernos de Arte Gallego, 3, 1965; M. Cardozo, «Breves consideraqóes sobre a escultura primitiva da Lusitánia pré e protohistorica», CEO. 28, 1973, 153 Ss.; ¡-1. Zúrn. «Eme hallstattzeitliche Kriegerstele von Hirschlanden (Wúrtténberg», Celticum XII. 1965, 103 ss.
M. Martins-A. Coelbo da Silva, «A estátua de guerreiro galaico de 5. Juliáo (Vila Verde)». Cuadernos de Arqueología, Serie 11, 1, 1984, 31 ss. La hipótesis de que los guerreros galaico- lusitanos sean héroes divinizados ya fue considerada por F. Alves Pereira, «Novo material para o estudo da estátuaria e arquitectura dos castros do Alto Minho», O Arq. Port. XIII, 1908, 203 ss., especialmente 242-244.
4 A. Blanco, «Cabeza de un castro de Narla», CEO 34, 1956, 159 ss.
J. Guitan Durán. «Nuevas piezas de escultura prerromana en Cataluña: res¡os de un monumento con relieves en SanI Marti Sarroca (Barcelona), Pyrenae II, 1975, 71 ss.
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Si las «cabezas cortadas» realizadas en piedra y exentas tienen un área de expansión restringida a la zona «celtizada» de la Península Ibérica, las representaciones de «tétes coupées» en el arte mueble, con un sentido funerario-religioso o simplemente como adorno, alcanza prácticamente todo el ámbito peninsular durante la época de La Téne. Carácter funerario cabe suponer que tienen las «cabezas cortadas» que adornan las urnas cinerarias celtibéricas de Uxama y Numancia (Soria). En relación con sacrificios humanos parecen estar las que decoran los extremos de la diadema de oro de San Martín de Oscos (Asturias), en donde se representa una ceremonia religiosa, a la orilla de un río, con jinetes y portadores de calderos. Este mismo carácter tienen las que aparecen en la lúnula de plata de Cháo de Lamas (Portugal), ya que se acompañan de una pátera, un puñal y jabalíes. Significado religioso deben tener asimismo las «cabezas cortadas» que adornan las fibulas de caballito —cuyos hallazgos abarcan las actuales provincias de León y Palencia principalmente, Guadalajara, Gormaz y Soria— o las fibulas de plata de la necrópolis soriana de la Mercadera y de los tesorillos de Córdoba y Guadalajara, por las escenas escatológicas —la caza por parte del difunto— que en ellas se representan.
Este mismo carácter mágico-religioso o funerario han de tener las
«cabezas cortadas» que adornan las espadas de antenas halladas en las necrópolis celtas y celtibéricas de La Osera (Avila), Alcácer-do-Sal (Portugal) y Atienza (Guadalajara), por el carácter intrínseco del arma en sí o por el destino funerario que las armas tenían entre estos pueblos. Desprovistas tal vez de todo sentido originariamente religioso, las «cabezas cortadas» pasaron a formar parte de la decoración de gran parte de las joyas hispanas de época helenistica6.
Blázquez relaciona las «cabezas cortadas», realizadas en piedra, con sacrificios humanos7. Apoya esta hipótesis el testimonio de las fuentes antiguas ya que según Estrabón (III 3, 7), los pueblos del Norte de la Península Ibérica sacrificaban a Ares —seguramente hipóstasis de un dios indígena relacionado con el Marte celta— machos cabríos, cautivos y caballos. Sacrificios humanos se documentan asimismo entre los lusitanos quienes, al decir de Estrabón (III 3, 6), vaticinaban sobre las vísceras de sus víctimas de una manera muy semejante a la descrita por Diodoro (y 31) entre los galos y también como los druidas, según Estrabón que toma el dato de Posidonio (Str. IV 5). Livio (Per. 49) describe la forma de sellar las alianzas de los lusitanos mediante el sacrificio de un hombre y un caballo. Igualmente, Plutarco (Quaest. Roin. 83) relata que en cl año 95 a.C. el cónsul P. Craso prohibió los sacrificios humanos entre los bletonenses, que habita- ban en las proximidades de la actual Salamanca. La arqueología confirma igualmente la relación de las «cabezas cortadas» con sacrificios humanos en Fresno de Sagayo (Zamora), en donde fueron halladas una cabeza exenta en
6 K. Raddatz, Die Schalzfunde der Iberischer Halbinsel, MF. 5, Berlín, 1969, passim. J. M. Blázquez, op. ci!. (n. 1), Latomus XVII, 1958, 27 ss.
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piedra, dos aras —una de ellas dedicada a la diosa Bane— y lo que parece ser una mesa de sacrificios con agujero central8.
No es de extrañar que en la Hispania indoeuropea se constaten sacrificios humanos, al igual que se hallan documentados en el mundo celta en donde se ofrecían sacrificios humanos a las tres deidades celtas, Teutates, Esus y Taranis, cantadas por Lucano en la Farsalia (1 444-446). En el área
«celtizada» de la Península Ibérica, en donde la epigrafia atestigua topónimos y antropónimos derivados de Taranis y de Teutates9, es muy posible que se realizaran sacrificios humanos por las poblaciones de ascendencia indoeuro- pea, entre las que también la arqueología y las fuentes antiguas documentan ampliamente la práctica de sacrificar animales 10
Blanco Freijeiro, siguiendo a Jacobsthal, opina que algunas «cabezas cortadas» podrían ser representaciones de dioses y señala el extraordinario parecido que ofrece la cabeza de Santa Iria (Guimar~es) con el Jano de Solingen’1.
Los hallazgos galos de Roquepertuse, Glanum y Saint-Blaise revelan que en la región de Bouches-du-Rhóne existia la costumbre de exponer los cráneos humanos. Pero es dificil saber si se trata de las cabezas de los enemigos muertos en el combate o de un ritual de sacrificio. P. M. Duval piensa incluso que la estatuaria del santuario de Entremont —en donde se descubrieron restos de una serie de grandes esculturas en piedra de guerreros, algunas cabezas humanas estilizadas y quince esqueletos de hombres adul- tos— parece estar en relación con el culto del jefe muerto, lo que revelaría una heroización 12, Algunos investigadores se inclinan por la primera hipóte- sís, esto es, que las «cabezas cortadas» serían un trofeo de guerra, basándose en la descripción que hace Luciano de un fresco del valle del Ródano, en donde se representa a Heracles Ogmios arrastrando una fila de hombres encadenados por las orejas13. Por otra parte, las fuentes antiguas han transmitido la costumbre que tenían los celtas de conservar los cráneos de los enemigos muertos (Diod. y 29, 4; Dio XXXIII 22; Pol. II 28 y III 67; Just.
8 V. Sevillano, Testimonio arqueológico de la provincia de Zamora, Zamora, 1978, 116-118.
9 M. Sevilla, Vestigios toponímicos de culto a Taranis/Taranus en el NO. peninsular», 1
Reunión Gallega de Estudios Clásicos (1979), Santiago 1981, 101 ss. El radical de Teutates se halla atestiguado en el antropónimo Teuto de Moral (Zamora) y en otros antropónimos en donde el primitivo diptongo —eu-— ha dado —au-—, cf M. Palomar Lapesa: La onomástica personal prelatina de la antigua Lusitania, Salamanca 1957, 105-106. Vestigios del mismo radical podrían ser, según me comunica M. Pérez Rojas, los topónimos actuales en Tot-, como Totana
(Murcia), Totanés (Toledo), etc.
It~ Horacio, Carm. III, 4, 34; Silio Itálico, III, 361; Estrabón, III, 3, 7. En la inscripción lusitana de Cabego das Fráguas se menciona una suouetaurilia dedicada a varias divinidades indígenas, siendo representaciones plásticas de este mismo ritual los bronces de Castelo de Moreira, Costa Figucira y del Instituto Valencia de don Juan, cf. J. M. Blázquez: Diccionario de Religiones Prerromanas de Hispania, Madrid 1975, 62 ss.
t¡ A. Blanco, op. ch. (n. 4).
¡2 p~ M. Duval, «Celtes contineaux. La religion et les mythes des Gaulois», Dichionnaire des
Mythologies, Madrid 1981, 1, 133-135.
3 F. Benoit, «Le théme hellénistique de l’enchainement d’Ogmios et le cycle mythologique irlandais et gallois», CRA! 1952, 103 ss.
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XXIV 5; Liv. XXIII 24, 11). Estrabón relata que, al salir del combate, colgaban del cuello de sus caballos las cabezas de los enemigos muertos y las llevaban consigo para fijarlas como espectáculo en los vestíbulos (Str. IV 4,
5), añadiendo que esta costumbre la tienen la mayor parte de los pueblos del Norte. Al parecer, tanto Estrabón como Diodoro toman esta noticia de Posidonio.
Tito Livio, refiriéndose a los galos, escribe: Gallorum equites, pectoribus equorum suspensa gestantes capita in lanceis infixa ovan tesque morís sul carmina (Liv. X 26, 11). El mismo autor dice de los Boios: Spolia corporis caputque praec¡sum duces Bou oran(es templo, quod sanctissimum en apud eos intulere; purgato inc/e cap he, ul mos iis esí, ca/ram auro cae/avere, idque sacrum vas jis eral, quo solemnibus libarení poculum que idem sacerdotibus esset ac wmplis antisritibus (Liv. XXIII 24, II). Estos datos coinciden con los proporcionados por otras fuentes antiguas (Sil. It. Pun. XIII 481-482; Floro III 4, 2)’
En la Península Ibérica solamente existe un texto que habla de la costumbre de las tropas hispanas, que tomaron parte en la conquista de Selinunte por los cartagineses, de cortar la cabeza a los enemigos y clavarlas en picas (Diod. XIII 57, 2). La arqueología confirma este uso entre los celtiberos en el monumento de Binéfar (Huesca) en donde se representan hombres sin cabeza ni manos, lo que coincide con el rito existente entre los celtas de consagrar a los dioses las cabezas y miembros del cuerpo15. Probablemente esta costumbre tiene su origen en la creencia de que sólo podian beneficiarse de la inmortalidad aquellos guerreros a quienes no se les hubiera cortado la cabeza o alcanzado gravemente la médula o el cerebro. Todo lo cual se halla en relación con el culto céltico de la cabeza que, segun Ross, viene directamente de la Cultura de las Urnas y de la temprana Edad del Bronce europea, donde la cabeza era usada como un símbolo solar 16
Para Lantier, el hallazgo en Libenice (Checoslovaquia) de una bóveda craneana es uno de los indicios más antiguos del culto a la exaltación de la cabeza en un santuario celta, ya que éste de Libenice se data entre el 300 y el
274 a.C.’7.
A Taranis¡Júpiter se ofrecían cabezas humanas cortadas, siendo sus símbolos las medas y los espirales. Renard considera que los anillos o círculos concéntricos y las medas juegan un papel profiláctico análogo al que tiene asignado la rueda como atributo de Júpiter, es decir, los anillos tendrían un carácter astral18. En el caldero de Gundestrup hay una serie de figuras
‘~ A. Reinad~, «Les tEtes coupées et les trophées en Gaule», Revue Celtique 34, 1913, 38-60,
253-286.
~ 1. M. Blázquez, op. ci!., n. 1), Latomus XVII, 1958, 31.
I~ A. Ross, Pagan Ce/tic Britain, London, 1968, 16 Ss.; E. Sprockhoff, «Central Earopean
Urnf¡eld Culture and Celtie La Téne», FFS. 20, 1955, 257 ss.
¡7 R. Lantier, «Le sanctuaire celtique de Libenice (Tchécoslovaquie»’, CRAJ, 1963, 272 ss.
‘¡ M. Renard, «Poteries á masques prophylactiques. A propos des vases ‘planétaires’», Latomus XIV, 1955, 220 Ss.; J. Green, The W/zeel as a Cult-Symbol in Roman-Celtic World, Bruxelles, 1984, passim.
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divinas representadas con los brazos levantados, entre las cuales se puede reconocer a Taranis con la rueda solar. Este caldero es interpretado por Le Roux como «caldero de la inmortalidad», opinión compartida por Benoit para quien el baño en el caldero, ritual de sacrificio en honor de Teutates según un escoliasta de Lucano, no es otra cosa que la escena de resurrección en el «caldero de la inmortalidad». El comentarista de Lucano dice que los galos «tienen por jefe de la guerra y gran dios del cielo a Taranis/Júpiter, habituado antes a ser aplacado con cabezas humanas, pero que ahora se contenta con
En la Península Ibérica la arqueología proporciona varios testimonios de estos rituales, siendo la diadema de San Martín de Oscos (Asturias) uno de los más significativos. En ella se representan cabezas cortadas y círculos concéntricos, grandes calderos llevados por dos porteadores, una cría de animal y jinetes con torques en la mano y algunos con cuernos en la cabeza que podrían relacionarse con un culto a Marte/Lugus20. Otros ejemplos importantes son los constituidos por los bronces votivos de Castelo Moreira
(Minho) y del Instituto Valencia de don Juan (Madrid). En el primero se representa sobre una trenza, terminada en cabeza de bóvido, una escena de sacrificio en la que interviene un hombre con hacha al hombro, un caldero, una cabra, una oveja, un carnero, un cerdo y dos serpientes, una de las cuales es interpretada por Blanco como un torques. El segundo consiste en una lámina estrecha sobre la que se encuentra un caldero, un torques, varios animales y tres hombres, dos de ellos con torques21. La representación de suoue¡aurilia y de elementos cultuales atribuibles a varias divinidades, lleva a relacionar estos objetos con un culto a Taranis/Júpiter y Teutates/Marte al mismo tiempo.
Este confusionismo existente en la asimilación entre dioses indígenas y romanos es debido seguramente a que aquéllos presentan atribuciones que tanto pueden relacionarse con Júpiter como con Marte. Y por otro lado no hay que olvidar que, en ocasiones, las características de los dioses romanos tampoco están muy definidas ya que Júpiter tenía durante el imperio la advocación de protector del ejército y Marte, antes o al mismo tiempo, de ser una divinidad guerrera, lo era también ctónica y agraria, por lo cual se le ofrecían suouetaurilia (Liv. VIII ¡0, 14; Cat. De agr. 141,2) y torques (Floro 1
20, 4)22.
¡~ Fi Benoit, «Le monde de “au-dela” dans les représentations Celtiques», Ogatn VII, 1955,
27 Ss.; F. Le Roux, «Des chaudrons celtiques á 1arbre d’Esus. Lucain et les Seholies Bernoises»,
Ogam VII/l, 1955, 33 ss.
20 G. López Monteagudo, «La diadema de San Martín de Oscos», Rey. Univ. Madrid 109
(—Homenaje García y Bellido III), l977,99 Ss.; Idem, «Las esculturas zoomorfas ‘célticas’ de la Peninsula Ibérica y sus paralelos polacos», AEspA 55, 1982, 18-20, sobre la vinculación Marte/Lugus en la Península Ibérica.
2¡ Estaríamos en presencia de una suoueíaurilia. Blanco cree que la serpiente que aparece en el suelo junto al hombre con hacha al hombro, podría ser un torques, cf. A. Blanco. «Exvoto con escena de sacrificio,, Guitnaráes 67, 1957, 499 ss.
22 M. D. Eetru~evski, «L’évolution du Mars italique d’une divinité de la nature á un dieu de
la guerre’, AAH XV, 1967, 417 ss.
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Volviendo a las «cabezas cortadas», parece ser que en el mundo celta y galo-romano existe una vinculación estrecha entre ellas. y los torques y los santuarios- Efectivamente, en el mencionado santuario de Libenice está documentado el hallazgo de una bóveda craneana junto a dos torques y restos de animales sacrificados. Las excavaciones han revelado asimismo la existencia de una estructura arquitectónica formada por dinteles realizados en madera, que son los precedentes de los pórticos en piedra, con alveolos para colocar cráneos o cabezas cortadas, en los santuarios galo-romanos. A. Rybová y B. Soudsk9 creen que lo que Lantier, siguiendo a Grénier,
~nterpreta como tumbas de héroes, eran simplemente fosas excavadas que servían para contener las entrañas de los animales sacrificados, y así es cómo deben interpretarse las fosas existentes en el centro de los santuarios de la Galia meridional. Esta interpretación deja sin contenido la supuesta creencia de los templos célticos como heroa y defiende, por el contrario, su carácter en relación con un culto a divinidades agrarias en ritos de fertilidad. Según los investigadores checoslovacos, Libenice fue un templo de ritos ctónicos y agrícolas seguramente dedicado a Teutates, dios de la tribu. Este dios entra en hierogamía con la diosa local, representando la unión entre la tribu y la tierra que la hace vivir. En la mitología romana este carácter es propio de Mars Quirinus qui praeesz pacis, contra el concepto de Mars bella tor, propio de la capa de los guerreros23.
Muchas cabezas se distinguen por la presencia de un torques alrededor del cuello, ornamento céltico claramente provisto de connotaciones mágico- religiosas y objeto sagrado reservado a las divinidades chtónicas24. Este carácter ctónico lo tenía Marte como divinidad psicopompa y agraria, según confirman las fuentes antiguas: ... uouere ... Marti suo torquem» (Floro 1 20,
4), «si potiatur, Martí suouetaurilihus piaculum fien (Liv. VIII 10, 14), la plegaria lustral de Catón (De agr. 141, 2-3) y el carmen de los Fra/res Anuales
(Varr. LL. 5, 85). También la arqueología testimonia este mismo carácter en el hallazgo, en Apt, de ocho o nueve cráneos humanos debajo de un altar dedicado a Marte (CIL XII 1077) por devotos de nombre celta25. En la Península Ibérica aparecen representados torques en la parte superior de varias estelas vadinienses y posiblemente también en la de Herraméllurí, pudiéndose interpretar como símbolos de la atribución psicopompa de Marte, el cual, como divinidad solar, se encarga de la protección de los muertos en el más allá26.
La aparición del torques en algunas «cabezas cortadas» y en las esculturas
23 A. Rybová-B. SoudskÑ, Libenice: Sanchuaire ce/tique en BoJ,hne centrale, Monumenta
Archacologica X, Praha 1962, 308 ss.
24 J. Filip, Ce/tic Civilization and its Heritage, Prague 1977, passí,n.
25 A. Ross, op. cit. (n. 16), 61 ss.
26 J. M. de Navascués: «Caracteres externos de las antiguas inscripciones salmantinas. Los epítetos de la zona occidental’, BRAH CLII, 1963. 159 Ss.; F. Marco Simón, «Las estelas decoradas de los conventos Cesaraugustano y Cluniense», Caesaraugusta 43-46, 1978, 59; J. i. Hatt, «Les croyances funéraires des Gailo-Romains d’aprés la décoration des tombes», RAE 21,
1970, 7 ss.
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de «guerreros galáico-lusitanos» les confiere un carácter divino, o casi divino, en relación posiblemente con un culto al héroe muertoy con una simbología de carácter ctónico y funerario ligada a una divinidad que, muy probable- mente, podría identificarse con Marte.
The crisis of antique society iii Spain in ihe third century
Ju. B. TSIRIU’¿
J. Arce recently alleged that the third century in Spain has never been extensively studied’. For alí its categorical exaggeration this allegation contains a grain of truth though — the problem of the crisis of antique society in the third century in general and on the territory of the Spanish provinces in particular is so far from being exhausted to date. The important aspect of the problem which has not yet received its due scholastic attention is the interdependence and interconnection of the crisis with the degree of Romanization in various regions of the ~ountry. In our opinion, such approach to the subject could further our comprehension of both the crisis proper and, aboye alí, its aftermath.
From the view-point of her Romanization Spain by the end of the second century felí into three zones. The first zone comprising South and East Spain, Le. Baetica and the Mediterranean parts of Tarraconensis, may be said to be completely Romanized. We must emphasize the fact that here there were a great many towns of Roman or Latin law. They were similar to a polis and governed in the Republican fashion. H. Galsterer believes that Spain liad at the time 184 cities of this type; 90 cities were situated in Baetica and 35 in Tarraconensis. In other words, this zone could boast no less than 125 cities or about 70 of their total amount in Spain2. The towns were populated by the Italie immigrants, veterans and indigenes; their descendants eventually merged and the towns’ residents were divided not according to ethnic but social entena. Some settlers possessed no citizenship of those tow~is but
1 J. Arce, «El Edictum de pretiis y la Diocesis Hispaniarum». Hispania, t. 39, 1979, p. 6,
nota 1.
2 II. Galsterer, Untersuchungen zum ró,níschen Stiidtewesen auf der fberischen Halbinsel.
Berlin, 1971, passim.
Gerión, 5. 1987. Editorial de la Universidad Complutense de Madrid.